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"El cine como escudo"

Mesa redonda sobre cine y derechos humanos.

La eficacia de cine como medio de denuncia social y protección frente a las violaciones de los derechos humanos y el acoso y los abusos de poder, ha sido el tema tratado en la mesa redonda que bajo el nombre “El cine como escudo”, se celebró el pasado 29 de abril, en la Sala Club del Teatro Victoria Eugenia, en el marco del VII Festival de Cine y Derechos Humanos de San Sebastián.

Organizada por la Sección de Juventud y Derechos Humanos y por Donostia Kultura, y promovida por la Fundación Lydia Cacho , en la mesa redonda participaron el director de cine Manuel Huerga , el guionista y también director Javier Corcuera , el guionista José Ángel Esteban -tres reconocidos profesionales con experiencia en temáticas relacionadas con el poder y los derechos humanos, que analizaron películas en las que el cine ha tratado casos reales y actuales de acoso a personas que han denunciado excesos de poder-, y Ana Noguerol , abogada y representante de la Fundación Lydia Cacho. Un nutrido grupo de personas, sobre todo jóvenes asistieron al evento.


José Ángel Esteban, Ana Noguerol, Manuel Huerga y Javier Corcuera.

Tras presentar la mesa redonda el director del Festival José Luis Rebordinos , Ana Noguerol dio a conocer el “Cine como escudo” como un proyecto de sensibilización de la Fundación Lydia Cacho.

Reconociendo que el cine como medio de denuncia y concienciación social frente a las violaciones de los derechos humanos o la corrupción del poder, ha sido utilizado en muchas ocasiones como argumento cinematográfico, aunque siempre mucho después de lo acontecido, Ana Noguerol planteó un aspecto particular para el debate: si el cine como denuncia sirve para proteger la vida e integridad de la persona o personas o para aumentar el peligro en que se encuentran.

Tras proyectarse un breve resumen del documental “Los demonios del Edén”, basado en el libro homónimo de Lydia Cacho y que recoge su lucha para desvelar una red de pederastas en México, Manuel Huerga remarcó la utilidad pedagógica para los jóvenes de este tipo de películas y afirmó que el cine se pone del lado de los derechos humanos

“¿Para que sirvió hacer Salvador Puig Antich?” , se preguntó su director: para ayudar a la familia a revisar el caso –aún no cerrado-, y para mostrar a las nuevas generaciones el caso de este juicio ilegal de la dictadura que no conocían –el 2 de marzo de 1974, Salvador Puig se convirtió en el último preso político ejecutado en España mediante “garrote vil”. La película ha contribuido a la Ley de Memoria Histórica, afirmó. Casos como el de Puig Antich hay otros pero no están abiertos. El director concluyó diciendo que este tipo de cine hay que hacerlo para despertar conciencias y sensibilizar, pero también planteó que el sistema es tan fuerte que se puede hacer poco, por eso hay que “ valorar el coraje ”.

Después tomó la palabra Javier Corcuera, director del Festival de Cine del Sahara y de la “ La espalda del mundo ”, película que narra tres historias tremendas de vulneración de los derechos humanos, para afirmar que las películas no cambian el mundo pero sí son útiles porque inciden en la realidad de la que se habla. Y puso como ejemplo una de las tres historias, la de los condenados que esperan la hora de su ejecución en el corredor de la muerte en una prisión de Tejas. La película salvó la ejecución inminente del reo que protagoniza la historia, el cambio de los miembros del jurado y la anulación de la ejecución cuatro años después. “ ¿Es bueno o malo sacar situaciones en las películas?” , se preguntó de nuevo el director y guionista, a la vista de las consecuencias positivas de la película. Como conclusión, Javier Corcuera afirmó que aunque el cine es un arma de doble filo, también es un medio para cambiar el punto de vista de las personas, para dejar que sean invisibles, para garantizar su seguridad y hacer que no se sientan solas.

Por último, José Ángel Esteban habló de su experiencia profesional como guionista de “ Horas de Luz ”, película que cuenta la historia real de Juan José Garfia, un asesino listo y rebelde que se fugó dos veces de sus guardianes y lideró varios motines, catalogado como preso peligroso o FIES –Fichero de Internos de Especial Seguimiento- fue recluido durante dos años en un régimen especial de brutal aislamiento -23 horas-, siguiendo el modo penitenciario norteamericano –mono naranja, zapatillas blancas, grilletes,….- que busca la humillación y la sumisión. La película también cuenta como Juanjo conoce a Marimar, una enfermera y se enamoran, y cómo cuando Marimar denuncia la situación de los presos FIES, la dirección de la cárcel la hecha, aunque esas denuncias consiguen cerrar el régimen de aislamiento -posteriormente, aclaró el guionista, el Constitucional declaró inconstitucional el régimen FIES-. Y por vez primera aprende qué es una mujer, que es el cariño, que significa querer y ser querido, el empieza a pintar, a escribir, ella le sigue de cárcel en cárcel, juntos empiezan a soñar con el futuro.

Para José Ángel Esteban, “Horas de Luz” muestra la manera en la que nos enfrentamos a un asesino, pero también la energía de una juventud desaforada, la de un preso condenado a escaparse, para ser detenido y volver a escaparse. “¿Para que sirvió hacer la película?” , se preguntó el guionista, para acto seguido afirmar que aunque la película sirvió para mirar de otra manera la situación de los presos y quizá le sirvió a Marimar, no sirvió para cambiar la situación del preso –el debate frente al terrorismo le afectó negativamente para unificar las penas-: la pareja se rompió y el preso volvió hacia atrás -“para que voy a salir, si la cabeza ya está fuera”-. El cine siempre busca el amor y la justicia, concluyó José Ángel Esteban.

En el debate posterior un joven asistente preguntó si el cine como medio de protección o denuncia sirve para argumentar a favor de los derechos humanos o también se acaba convirtiendo en una mercancía que vende y banaliza el sufrimiento humano, y en una apología ideológica.

Para Javier Corcuera eso depende del tipo de cine que se haga: lo importante es que las películas sean honestas. Para el director y guionista, el cine documental que él hace no busca la objetividad, es un ejercicio de manipulación desde la mirada del autor, aunque narre un trozo de historia.

Ana Noguerol ilustró el caso de Roberto Saviano, autor amenazado por “Gomorra”, libro de éxito que denuncia el poder paralelo de la Camorra napolitana actual, como ejemplo de cómo la cultura de denuncia sale a la vez reforzada y perjudicada.

Para José Ángel Esteban no hay nada que no tenga ideología -punto de vista-, incluidas la ficción y la fantasía, que se confunden con la realidad. “El reto es mentir para contar la verdad” , manifestó.

Manuel Huerga corroboró que lo importante es la honestidad y que no hay distinción entre documental y ficción. El director de Salvador Puig Antich añadió que a veces el drama vende bien y funciona como mercancía –Oliver Stone, “Asesinos natos”, dónde se denuncia la violencia mostrando ultraviolencia-. Así mismo indicó que “ el espectador cada vez es más insensible ante las imágenes, necesita estímulos, pero ¿dónde está el límite de lo aceptable? ”. Respecto al cine como denuncia dijo que la cuestión es cómo llamar la atención sin ser amarillista. Poniendo como ejemplo el documental los Demonios del Edén se preguntó, “morbo sí, pero ¿sirve para algo más?, ¿hay una relación causa-efecto inmediata?”

No estamos en un mundo ideal y tampoco tenemos asideros para saber dónde está la realidad. La imagen cada vez está más cosificada, la televisión embrutece y esta mirada embrutecida nos impide saber cual es el mensaje más adecuado. Falta más cultura y educación audiovisual, concluyó.

Para cerrar el evento, Ana Noguerol manifestó que el cine es útil y eficaz como mensaje pero que debe ir acompañado de otras iniciativas.

El “Cine como escudo” es un proyecto de sensibilización de la Fundación Lydia Cacho.

 

 

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